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Bordados de misterio en el s.xxi

En vestidos, faldas o camisas. En algún detalle o cubriendo todo el cuerpo (o lo que no quiera mostrarse de él). Con el más puro aire victoriano o, en estilo más informal y moderno, combinado con charoles y terciopelo. En zapatos y bolsos. En cortes sobrios o diseños jugados. El encaje vuelve este otoño-invierno, para amantes y detractoras, con toda su fuerza, sensualidad y elegancia.

Las pasarelas lo han dictado: Miuccia Prada se jugó por el guipur en transparencias y superposiciones y un aire barroco muy siglo xxi; Givenchy, Kokosalaki, Stella McCartney y Anne Valerie Hash en el más puro negro (¿decir que es el color del invierno será una obviedad?) y Alexander McQueen con trajes de reminiscencias reales y cortesanas.

De los tiempos en que mujeres tan dispares como Catalina de Aragón y Santa Teresa de Jesús bordaban encajes en su respectivas reclusiones –la una en el Castillo de Ampthill, por vía de su segundo marido, el rey Enrique VIII de Inglaterra, la otra en su convento-, a estos días de seducción y alfombras rojas, el encaje combina sus dibujos geométricos y orgánicos con materiales nobles, pedrería y algunos brillos.

Incluir este must en el guardarropas de la temporada tendrá sus pautas y secretos: nada de abusos –una prenda de encaje es suficiente para estar a la moda-, elegir accesorios simples para acompañar un elegante vestido o, por el contrario, que el bolso o los zapatos sean los dueños del detalle en estos tejidos que se siguen haciendo a mano, al bolillo o aguja, como en los viejos viejos tiempos.

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Barcelona tiene su propio Espirit

Con la apertura, en las últimas semanas, de dos locales de más de 3000 metros cuadrados, la textil alemana Espirit ha desembarcado en Barcelona para ofrecer sus colecciones, que incluyen ropa para mujer, hombre, niños y, también, accesorios y líneas para el hogar.

Cuarto grupo de distribución de moda, detrás de Inditex, H&M y GAP, la compañía hace foco en producir prendas con buena relacion precio/calidad y diseño.

Así, señalan en su web, que “un grupo de diseñadores internacionales traduce los atributos de Espirit a sus colecciones en un modo seguro, natural, con estilo y sensual”.

Espirit hoy cuenta con más de 800 tiendas propias (y más de 2000 franquicias) en 40 países. En España puso su primer pie en el año 2004 –en ciudades como Madrid, Zaragoza, Tenerife- y sólo este año ha decidido establecerse en la ciudad Condal -con un local en el Paseo de Gràcia y la flamante apertura del segundo en una finca en el Portal de l’Angel, propiedad de una familia catalana-.

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Metrosexuales: ¿El nuevo hombre o un dandy edulcorado?

Tiempo atrás, el poeta Charles Baudelaire escribió que un aspirante a dandy debía tener “ninguna otra profesión que la elegancia, ningún otro estado que aquel de cultivar la idea de belleza en su propia persona. Un dandy debe aspirar a ser sublime sin interrupciones, debe vivir y dormir frente a un espejo”.

Del 1800 a esta parte, las artes y formas del dandy se han transformado, tergiversado y edulcorado hasta dar nacimiento al prototipo del hombre del siglo veintiuno: el metrosexual, ese joven urbano, adinerado, preocupado por su estética y por estar al dictado de la moda, conectado con su lado femenino y sin ningún problema en admitirlo.

Dandy y metrosexual se ocupan y preocupan por su apariencia mucho más allá del promedio general entre los hombres. A ambos les gustan las mujeres, pero tampoco se preocupan en confirmarlo: su orientación sexual es irrelevante porque la ambigüedad es parte del juego y se toman a si mismos como objeto de amor y placer. Hasta aquí –aún con dos siglos de distancia-, todo muy parecido.

Pero, para comprender cómo han cambiado las cosas, basta ver que los referentes de la elegancia masculina en el diecinueve eran George “Beau” Brummell, Lord Byron o el mismísimo Oscar Wilde, mientras hoy los ejemplos pivotean sobre personajes como el futbolista David Beckham, el ¿cantante? Enrique Iglesias o estrellas de cine como George Clooney, Jude Lowe y Brad Pitt (guapos, sí, no se puede negar).

Las cosas eran distintas en tiempos del dandismo. Tener dinero y gastarlo en ropa, zapatos y cremas faciales no eran el must del dandy, más preocupado por la elegancia y la pose que por la riqueza, el origen aristocrático o el qué dirán. El dandy no seguía la moda, sino que era creador de tendencia.

La palabra metrosexualidad ya lleva más de diez años de vida. Al menos apareció por primera vez en la web en un análisis que hiciera el escritor británico Mark Simpson sobre los efectos del consumismo en la identidad masculina. Fue el propio Simpson –y ojo que no hablamos de Homero, verdadera antítesis del metrosexual si las hay- quien señaló que se trata de “alguien menos seguro de su identidad y mucho más interesado en su imagen, víctima fácil de la publicidad”. Habrá que creerle, entonces, al padre de la criatura.

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Tacones no tan lejanos

Como no podía ser de otra manera, los franceses tuvieron la culpa (y no así las francesas…). Con su complejo de baja estatura, el Rey Sol, Luis XIV, instauró en su vestuario los tacones altos. Tacones que fueron cada vez más altos, porque al seguir sus cortesanos la tendencia (a modo de homenaje), el monarca no pudo más que pedir a sus zapateros más centímetros bajo sus talones.

Muerto el rey, los hombres se bajaron del tacón, pero las mujeres no. Claro que resulta más glamorosa esa historia (verdadera ciento por ciento), que andar explicando que el taco alto tuvo su origen también en la Francia de los luises, pero para comodidad de quienes practicaban equitación.

Y de aquellos tiempos a estos días, la aspiración de diseñadores, modelos y féminas en la calle parece ir en ascenso. Este año los tacones no bajan de los ocho centímetros y añaden una alta cuota de creatividad, arte e ingenio a ras del suelo.

Miu Miu, Prada, Versace, Givenchy y otras tantas marcas de primera línea apuestan a verdaderas esculturas en forma de zapato. Con tachas, con hebillas y tiras de colores, en charol, metalizados y con formas galácticas. El secreto para poner los pies y los ojos sobre la tierra… o al menos, diez centímetros sobre ella.

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Diseño con aires rioplatenses

Romántica y femenina. Esa es la definición de mujer que la diseñadora argentina -y de reconocimiento internacional- Mónica Socolovsky pronuncia desde sus prendas, desde la elección de los materiales con que trabaja y desde los pequeños detalles.

Este axioma, junto con los elementos esenciales y la naturaleza, es el hilo conductor de su colección otoño-invierno 2008/2009, que exhibe en las fashion weeks de Londres, Paris y Milán, mientras en el hemisferio sur las mujeres en la calle apenas están luciendo looks primaverales.

El naranja óxido, el verde selva, el violeta más puro, el berenjena, el negro carbón o el marfil, son colores con los que ha trabajado en un repertorio de diseños que abarca todos los largos y escotes, desde el palabra de honor al corazón.

En sus más de treinta años de profesión, su especialidad son los vestidos de fiesta -con bordados a mano y pedrería de lujo- y presta atención a cada detalle y etapa de la producción, supervisando y modelando sobre el propio cuerpo para que las caídas y los cortes sienten bien independientemente de la talla.

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